Sexo
Hacía mucho que detestaba a Lucius.
Pero, por orgullo, por no abandonar el estatus que le había sido regalado al casarse con él, y por imposición de su propia familia, que bien poco le importaba su felicidad sino sencillamente el “qué dirán”, tuvo que aguantar aquella vida, y aquella humillación de saberse no correspondida ni deseada.
Era mujer, y se estaba echando a perder en el olvido. Y no podía permitirlo, estaba tan cansada, tan harta de no sentir ni amor, ni cariño, ni deseo… que decidió abandonar por un tiempo sus prejuicios, para abandonarse en sus anhelos.
Y ahora se encontraba corriendo, como una inocente colegiala en un bosque oscuro e infestado de bestias, yendo a encontrarse con el que menos había creído que podía tener algo en común, pero con el que había descubierto que su cuerpo y su mente aún podía entregarse al placer más recóndito.
Deslizandose entre la hojarasca y los árboles raídos por el tiempo y las inclemencias, llegó a su destino, teniendo un cierto cuidado con sus ropajes, aunque le importaba mas bien poco causarles destrozos… porque nadie lo iba a notar.. O por lo menos no iban a poder echárselo en cara... Y Lucius era demasiado orgulloso para eso, mucho menos para un ataque de celos.
Distinguió la pequeña casita, en medio de un pantano sombrío del que no aparecía rastro en ningún mapa, ni siquiera mágico, y se acercó a la puerta, deseosa por entrar en la cabaña y recibir lo que tanto deseaba.
La puerta abrió un resquicio, sin tener que mediar ella con sus nudillos contra la madera para hacerse notar.
Sonrió, pues la estaban esperando, y eso le hizo sentir importante.
Entró a hurtadillas, mirando con atención y fijando la vista en el hombre que podía apaciguar su creciente deseo.
- Bienvenida.. - habló con voz ronca el hombre que la esperaba, con el jubón en el suelo y la camisa en la mano, mostrando su pecho desnudo, aguardándola frente a la lumbre de la hoguera, retándola a obtener lo que ahora era suyo.
- Snape.. - gimió excitada, acercándose lentamente a él mientras se desnudaba, mostrando la tersura y blanquez de su piel.
Temblaba, deseando tenerle dentro, y notar otra vez sus manos rugosas restregándose por su piel…. Adoraba el sexo con él.
- Tómame…
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